sábado, 15 de agosto de 2009

Capítulo IV: La realidad ante todo

En el comienzo de todo en el planeta Tierra cuando no existía vida alguna en algún lugar los mares eran controlados por Marsolí diosa de la Luna y el resto de los planetas frívolos, desde ser la Reina y Diosa de Saturno hasta la Conquistadora de Plutón; simplemente 'La Reina' y junto con su amado esposo Faelord dios del Solpan, los Planetas cálidos y quien controlada las aguas dulces; gobernaban el mundo a su manera, procreando el caos de bienestar y destrucción de la maldad.

Tranquilidad y estabilidad nació entre los Reyes con sus hijos Houg y Citen quienes protegían y poblaron las aguas, el místico jardín de los hijos de los Dioses más sin embargo los príncipes ruidó causaron provocando a Noic, diosa de la Magia y desterrada de tener un mundo que gobernar se desahogó encantando a Faelord amándolo profundamente hasta dejarlo inmóvil más sin embargo, la ira imperdonable de Marsolí mutiló a Noic dejando sus restos en el centro de la Luna
los demás dioses aterrados desidieron escoger a quien representara la verdad y justicia con la valentía y sabiduría: Nalú, hija oculta entre Noic y Faelord.

Nalú, quien se sentía honrada a ser la elegida para asesinar la Marsolí, quien había creado horror, terror e incluso muerte a inocentes, aceptó la misión más tuvo que pasar doce mil eternidades entrenándose, sufriendo entre escondites letales, desapareciendo los hijos malditos de Marsolí y Dranes quien es el mismo propio hijo de Marsolí y ahora su amante; pasando con todo ello ya que así tendría una única manera de obtener la victoria sin fallar a la primera, de lo contrario, todo estaría por siempre a favor de la malévola Marsolí.

El día glorioso comenzó a surgir con aquella sangrienta alba, paseando Marisolí sobre los mares, quien desde la perdida de Faelord ya no tenia el privilegio de dormir, por lo que en todos los tiempos estaba al pendiente de todo más cerró sus ojos por un instante, recordando aquella bendita Diosa que fue antes de esta guerra accidental, volteando ver por un instante aquel recuerdo divino; al final, cometió el más grande error de toda su eternidad, causó su muerte por tan solo recordar un efímero hecho, una pasión olvidada, tarde ya era, Nalú había atacado sin que sintiera Marsolí, la espada legendaria atravesando su pecho arrebatándole un suspiro, un grito de dolor por todo, por lo que se había convertido, aprovechando el momento satisfactorio Nalú con un arco de luz flechó en el corazón de Marsolí finalmente creando el cielo jubiloso y una fresca tierra para todos los bendecidos sobrevivientes.

Aún así, todo ese esfuerzo en vano yació, ya que todos olvidaron el suceso se perdió la divina importancia de la vida pura... Ahora aquellos nombres desaparecidos resurgieron en lugares semejantes, lo único que tienen es el instinto de los sucesos históricos; más solo una persona recuerda lo que pasó y su mano le comunica que pasará de nuevo. Sin embargo sabe que no pasará ya que entendió la lección y algo más... el comienzo de una historia, su propia historia debido a que para ocultarse se dió a convertir en una trovadora.

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