viernes, 8 de enero de 2010

Capítulo V: Lo inesperado

(Antes, no podía ni siquiera seguir escribiéndolo en mi cuaderno por dos sencillas razones: aún estaba enamorada de él y la historia jamás acabará; ahora que solo es mi amigo, mi confidente y la historia ya había cambiado de curso y volverá hacerlo, ya es tiempo de expresar)
Mientras para los principiantes del Metiebal iniciada su semana, para mi era la rutina semanal con una gran diferencia: la impaciencia por la llegada a un nuevo integrante de esta institución. Al salir del salón de la penúltima clase demasiado temprano, decidí en compañía de Nectí pasear entre los vestíbulos y pasillos hasta que lo vi de espaldas, a pesar de que no lo conocía en persona de esculpido cuerpo, ropa semi holgada: pantalones azules y chaqueta negra, cabello rebeldemente castaño; un joven que podia ser cualquiera que estuviere sin embargo hubo la inexistente razón para asegurar que era él.
-¡Caev!- Grité lo suficiente para que me escuchara y, en caso de que fuese él y volteara pudiera saber de donde preovenia aquella voz molesta que lo llamaba. El joven voltea desconcertado, desconociendo aquella voz con su mirada poco amenazadora y penetrante, como decias los mentirosos espejos. Poca fue su observación para reconocer que yo había interrumpido su caminar gritándole su nombre.
Se saludó como se debía además de unas reacciones simpáticas y nos dirigimos a comer y estar un rato hasta la campana de la siguiente clase al comedor, al ser vegetaliano además de que no tenia el gusto de comer algo muerto en ese momento decidimos tomar un poco de fruta y divertirnos con comportamientos infantiles.
La hora de la última clase llegó y teníamos que retirarnos, pero como eran las primera semanas no importaria el hecho de que faltase una clase, además algo me susurraba para que estuviese con el más tiempo...

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