...Mientras un poeta se lo imaginaba y lo plasmaba en tinta muerta en sus pergaminos vacíos, murió sin poder ver esa imagen de la belleza de la locura, aquella mujer quien lo poseía, caminando bajo la recia lluvia llevando después un paraguas Rojo como la sangre que quien alguna vez tenía su amor, milenios después, la misma mujer represento esa imagen alguna vez soñaba, pero ahora a su historia, a su manera, a lo que preserva en su retorcida mente...
Aquella tarde nublada con un rayo de luz mostrándose en una parte de la ciudad, aquel edificio donde todas las personas entran enbrutos y salen pulidos, brillantes de mente y de corazón; una aparentemente chica, aquella mujer que había vivido 5 mil años en ese cuerpo de una niña, misma que no ha cambiado ni una pequeñez en sus facciones, en sus sentidos: sus ojos destellantes como la Luna pero se perdían terriblemente en el suelo en la búsqueda de una esperanza alentadora; inspiradora tez blanquecina de su piel, de su rostro tan divino ocultándolo su cabello negro cenizo escurridizo, casi siempre suelto al igual que siempre traía un vestido negro con los encajes al final de las mangas el mismo vestido y gran parte del corset color rojo carmesí, semejante a aquella sangre de los amados que mató sin piedad alguna con aquella sonrisa endemoniaba y cruel...
-¿Donde quedó mi sonrisa endemoniada que me gustaba tanto mostrar?-Ella lo decía al salir del edificio recordando todas las eternidades que ha tenido que vivir de manera distinta para sobrevivir mientras caminaba una parte de la banqueta alguien de grita a una distancia corta -Hey ¡Espérame!- Un chico de ojos ámbar, pantalones extraños, botas negras y toscas al igual que su chamarra corría tras de ella para hacerle compañía en su trayecto a casa, sin importancia ella acepta su compañía intentando de charlar una conversación no interesante quizá pero que fuese durable hasta llegar la estación de trenes.
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